
En la hora del té se discute de política y del futuro del país.
Se rematan sociedades, se dispersan las verdades.
Se complementan las ideas que la indiscutible agenda pública garabatea.
Ella, bestia bendita, maldice cuan vil potranca,
Desviste santos y viste a otros.
Legisla,
Sí.
Con mano de monja, de uñas sucias, de oscura sombra
Apresa manos y cachetes rasgados, saluda al pueblo, firma y asiste a reuniones, así, como a la del tesito de hoy,
En donde se le sugiere no pagar la deuda histórica,
Dejarla velada.
Entre amarillos papeles que se queman en la memoria, que se echan a volar, por el marco del ventanal “Begonia”.
En la hora del té, se decide nuestro futuro:
Lo cargado del a infusión es religión,
Una galleta es la salud,
Un pastel es el presupuesto militar,
Y el remate finaliza con el eructo educacional.
(Y los que la Siguen cagan siempre "Afuera del Tiesto"...)
En la hora del té se labra el camino, pagando el precio nosotros, pagando su exquisiteces laica, política, asesina.
Ella misma nos regala cuarenta mil gramos de azúcar, que se van coladas entre las pelusas del bolsillo.
Nos regala satisfacción, que el Lumpen consumista nos arrebata.
Las corbatas pudren el fruto que nosotros mismos hemos cosechado.
En la hora del té, se discute, así: fácil, bonito e influyente
Fabián Pacheco Barrera
No hay comentarios:
Publicar un comentario