
Eres frígida y el jadeo te muerde el cuello desnudo.
Eres frígida y el sudor tibio del deber se amalgama con las manos ásperas del descontrol.
Eres frígida y las patitas se retuercen al espolonazo frío, del falo húmedo.
Eres frígida y el semblante se nubla y el firmamento relampaguea, rabioso, risueño, mordaz.
Eres frígida y lo trémulo del ensarte te rasga la vulva.
Eres frígida y el “montaje” te llena con su tacto de pus.
Eres frígida y las costras pretéritas remecen tu interno protestar.
Eres frígida y la libido ajena te remece, amenaza tu bilis, la revuelve, la revuelca, la manosea, la hace estallar.
Eres frígida y por miedo te tragas el ácido, devuelves el vómito, que florece, en el intento interno del anhelo certidumbre.
Eres frígida y el ardor del “ya viene”, “ya viene”, “uyyyy”, “ayyyy”, “oooooh” hace que el iris se cubra de sal, y se vista de plástico negro.
Eres frígida,
Eres frígida,
Eres frígida,
Y la pena te eyacula en la cara.
Fabián Pacheco Berrera
No hay comentarios:
Publicar un comentario